viernes, 3 de octubre de 2014

El extraño hilo rojo del destino - 1º Relato ganador concurso Escribir a Dúo











Eran tiempos en que el insomnio me sostenía casi hasta rozar la aurora, eran días y noches extrañas, de una existencia inexistente, me explico mejor, son aquellos tiempos en los que te cuestionas si tu vida tiene algún sentido, dudas de todo y de todos, y el vacío interno se llena de muchas dudas que se juntan hasta convertirse en una: ¿Por qué a mí?

El tiempo juega en mi contra, ni siquiera me quedan fuerzas para escribir, no me queda el calor de las palabras, las que nadie te dice y como flaco consuelo, te las dices tú. Puedo tirar de lo escrito, de eso que es poco conforme para ver la luz, puedo publicar en alguna página de relatos de esas que abundan en internet, por el hecho de gritarle al mundo que estoy viva y que lucho cada día por sobrevivir, por mucho que el fondo del río me llame. Pero esa que piensa eso, no soy yo, es la Otra, esa mujer extraña que se ha apoderado de mí.

Y el tiempo pasaba, como siempre indiferente al drama, a la locura o a la alegría de los hombres y mujeres que pueblan este mundo, sin saber que hay un hilo rojo que les conduce, un destino misterioso y engañoso que a veces nos juega la mano y cuando menos te lo esperas te encuentras en el camino con lo que no sabías que conocías, y reconoces, reconoces lo que habías perdido sin tan siquiera saber de su existencia. Lo que no sabías que te importaba, estaba otra vez al alcance de tu mano.

Después de tanto tiempo luchando en solitario en contra de la mala vida, que por lo visto se había empeñado a pegarse a mí como si le fuera la vida en ello, válgame la redundancia, hace algún tiempo que he vuelto a soñar y a mirar más allá de las brumas del páramo desértico en el que vivo. Empiezo a atisbar espacios verdes y soleados en donde los sueños tienen todo el derecho a existir y a medrar bajo la brisa que proviene del aliento de la siempre esquiva e inconstante fortuna.

Hoy he publicado un bonito relato de viajes, viajes imaginarios, nada más ni nada menos que al otro lado del mundo sin moverme del sitio, donde hace frío, pienso que si hace mucho mucho frío fuera, no sentiré este helor que me congela la sangre. Tengo que salir de esta fantasía y volver a la realidad, dentro de un rato tengo visita con el oncólogo, no quiero que piense que soy una cobarde, ni siquiera que piense que he perdido el norte porque perdí la brújula.

La cosa no va muy bien, me han dicho de operar, pero no creo en los médicos, ellos enseguida abren, cortan, cosen, se quitan la bata y se lavan las manos. Pienso darme tiempo a pensar, a ver, un tumor es un tejido que crece dentro del cuerpo, quién ordena tal cosa, creo que es el cerebro, entonces entenderé a mi cerebro para que entienda a su vez que no tiene mucho sentido matarme de ese modo.

Un chico ha comentado mi relato, me da pena, porque no entiende nada, ha dicho que le gusta, imagino que es porque le suena rítmico, al igual que puede sonar el mar.

Me hace gracia, volveré a publicar otro, y otro, y otro, tengo tantos de tantos momentos de soledad.

Y a cada uno, un nuevo comentario, como si en esta página con tanta gente, no hubiese nadie más que mi propio eco y él.

Por fin después de diez meses de arrastrar este cuerpo por las sentinas de la vida, puedo permitirme el lujo de conectarme otra vez a Internet casi no puedo creerlo.

Antes de la debacle económica, me había acostumbrado a leer los relatos de aquella chica, me encantaba como escribía y no me perdía uno. Entré en la página en la que tanto había disfrutado publicando y comentando. Y ahí estaba, como si el tiempo no hubiera pasado, un relato con su nombre, sentí cierta nostalgia, y comencé a leer.

Han pasado muchos meses, al final no me dejé operar, pero marearon todo lo que pudieron y más, el caso es que estoy recuperada, con controles periódicos pero fuera de tantas pesadillas. He vuelto a recuperar las ganas de escribir, ayer mismo, publiqué mi primer relato de mi nueva vida en aquella página olvidada de Internet y hoy, al mirar los comentarios había uno de aquel gracioso chico, mirando su perfil he visto que ha puesto su email, y le escribí.

De este modo tan extraño, el caprichoso hilo rojo del destino y después de darnos un revés con mano vuelta, nos volvió a unir.


Laura Mir y Benjamín J. Green




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